En un post anterior hicimos un repaso al nacimiento de las etiquetas de vino y a sus antecesores. Ahora llega el momento de echar un vistazo al estado actual del diseño en lo que a etiquetas de vino se refiere. Los que andamos por los treinta y pico, ¿milennials? ¿generación Y?, bueno, los que comenzamos a ponerle tipografías y colores a las etiquetas con los dosmiles bien entrados, hemos sido testigos de una gran revolución en lo que a packaging e imagen de marca se refiere.

Basta con darse una vuelta por cualquier vinoteca (instagram y algunos blog especializados también pueden servir), para darse cuenta de que algo ha cambiado en la imagen de los nuevos vinos. Cada vez más marcas se salen de lo que venía siendo la tipología clásica asociada a la imagen del vino y el etiquetado.

Está claro que los chateaux, las caligrafías y las serifas más clásicas siguen ahí y esperemos que así siga siendo, al menos nosotros seguiremos echando mano de ellas, porque nos encantan. Pero quizá las marcas se hayan dado cuenta de que con la irrupción de las nuevas generaciones, necesitan también una nueva forma de presentar su producto. El nuevo consumidor de vino quiere un nuevo concepto y eso, por supuesto, está en el contenido, pero también en el continente.

Diseño etiqueta vino Gran Reserva VIña Gobeo

Como decíamos, darse un paseo por los pasillos de una tienda de vinos es toda una experiencia. Además de las citadas marcas clásicas, el abanico de diseños es amplio: desde las etiquetas más austeras y minimalistas a las más desenfadadas y anecdóticas, las hay coloridas, con multitud de troqueles, formas y materiales o detalles de impresión de gran destreza técnica… pero lo que para nosotros es más importante: El vino necesita contar una historia.

Una etiqueta con una estética al gusto del consumidor atraerá su mirada en un primer vistazo, pero conseguir que empatice con la marca, terminará de convencerle y creará un vínculo a largo plazo. Y esto pasa por contarle algo más que la variedad de uva con la que está elaborado o su lugar de origen, aquí entra en juego la experiencia asociada a su consumo.

Por esto pensamos que conocer el producto es fundamental, el trabajo se tiene que realizar en estrecha colaboración entre diseñador y bodega, planificar las fases por las que pasaremos en la creación de una etiqueta y empezar la casa por los cimientos. El briefing construido a pie de viña, escuchando de primera mano las historias, inquietudes y sensaciones que hay detrás de un vino, es el primer paso hacia la creación de una marca que cruce la línea de los sentidos, llegando a la de las emociones.

Si estás pensando en renovar la imagen de tu vino o estás pensando en sacar una nueva marca al mercado no dudes en contactar con nosotros, estaremos encantados de escucharte.